martes, 17 de septiembre de 2019

Orígenes del género dramático y el teatro

El género dramático hace referencia a un conjunto de composiciones literarias escritas en verso o en prosa, las cuales, buscan como propósito narrar situaciones de la vida, un personaje o una historia, usando las emociones y el conflicto. 

En lo que respecta al teatro, este mantiene una estrecha relación con el drama, ya que, en él, se llevan a cabo las representaciones de los hechos y situaciones plasmados en sus escritos con actores sobre un escenario.




Origen del drama

Los primeros vestigios del género dramático tuvieron lugar en Grecia donde se cantaban himnos rituales que mantenían relación con el culto a Dionisio, deidad del vino y la alegría. Con el paso del tiempo, estos himnos se convirtieron en procesiones corales en las que luego se produjeron cambios: los participantes empezaron a cumplir roles especiales, aunque no eran considerados actores.

Esta práctica se mantuvo así hasta el siglo VI a.C. cuando Thespis, un bardo errante, durante Las Dionisias, una competencia celebrada en Atenas, recitó una poesía como si fuese el personaje de la misma. Como consecuencia de esta acción, Thespis fue considerado el primer actor del género dramático.

En lo que respecta a la simbología, siempre se ha visto al drama representado con dos mascaras: una sonriente, que corresponde a Thalía, la musa de la comedia, y una triste, como representación de Melpómene, la musa de la tragedia.

Hacia el siglo IV a.C. Aristóteles escribió La Poética, obra donde se mencionaba el drama como uno de los 3 grandes géneros literarios. En esta obra también se menciona la semejanza existente entre la épica y el drama trágico, en el sentido de que, en ambas, sus escritos reflejan la nobleza y las virtudes de los seres humanos.

Junto con esto, Aristóteles estableció la tragedia y la comedia como divisiones del drama, explicando que ambas eran elementos que forman parte de la naturaleza del ser humano.

Drama en el Imperio Romano

Los romanos entraron en contacto con el drama durante los años 509 y 27 a.C, producto de la expansión del Imperio Romano hacia la región griega.

La sofisticación pasó a ser uno de los atributos presentes en el drama romano, generando exponentes que dejaron huella dentro de este género (como Livio Andrónico y Gneo Nevio).

Tras la caída del Imperio Romano, el género dramático se extendería por todo el oeste europeo, hecho que ocurrió entre los años 27 a.C. y 476 d.C.

Drama en la Edad Media

Con la llegada de la Edad Media surgiría el drama litúrgico, atribuido a las iglesias, donde se efectuaban dramatizaciones de los textos bíblicos. A través del tiempo estas interpretaciones litúrgicas se extendieron por casi toda Europa, con excepción de España, que se encontraba en ese momento dominada por los moros.

La obra más sobresaliente en esta época vino de la mano de Adam de Halle, francés quien escribió Robin y Marion en el siglo XIII. 


Drama en la época isabelina

El género dramático hizo su debut en Inglaterra durante el auge de la época isabelina, periodo cuyas obras se caracterizaron por estar escritas en versos. Es aquí donde surgió uno de los dramaturgos más reconocidos de la historia y quien hizo una de las mayores contribuciones a este género: William Shakespeare, autor de las emblemáticas obras Hamlet, Sueño de una noche de verano, La Tempestad y Romeo y Julieta.


Drama en el modernismo y posmodernismo

A comienzos del siglo XIX, el drama empezó a ser usado para insertar mensajes de crítica política y social. Algunos de los dramaturgos que tuvieron auge en este período fueron Luigi Pirandello, George Bernard Shaw, Federico García Lorca y Tennessee Williams. 


Origen del teatro

En muchos de los estudios realizados sobre la antigüedad se ha considerado que el teatro tuvo sus primeras manifestaciones en la evolución de los rituales mágicos. Dichos rituales estaban asociados a la práctica de la caza junto con las pinturas rupestres y la recolección agrícola.

Con el paso del tiempo se introdujeron la música y la danza como elementos que transformarían por completo la dinámica de estos rituales. Esto dio paso a que se celebrasen ceremonias con interpretaciones dramáticas que rindieran culto a los dioses y pusieran en práctica los principios espirituales de la sociedad de ese entonces.

Tomando en cuenta estas características, se podría decir que este tipo de práctica sagrada sirvió como punto de partida para que el teatro se difundiera hacia otras civilizaciones. Si bien, ya había indicios de actividad teatral formando parte de las ceremonias del hombre primitivo (como símbolo de la caza de animales), no sería sino en la antigua Grecia cuando los diálogos de naturaleza básica, usados para adorar a Dionisio, pasarían a convertirse en textos dramáticos que presentaban un cierre.

En el caso de los griegos, estos dotaron de espectacularidad a las representaciones teatrales, aplicándolo también en las edificaciones y el vestuario. 

Origen del teatro en distintas civilizaciones

 

Civilizaciones americanas

El teatro, dentro de las culturas americanas prehispánicas, tuvo un desarrollo destacado, especialmente entre los mayas, quienes llevaron a cabo una de las obras más reconocidas de su género teatral, llamada Rabinal Achi.
 

Civilizaciones orientales

En el siglo IV a.C, en la India, se hizo mención del teatro en el Mahabharata, poema épico al cual se le vinculó con las creencias védicas.

Luego, en el siglo XV el teatro llegaría a Japón donde evolucionaría para dar paso al kabuki.
 

Renacimiento

Durante este periodo se generaron algunos cambios rotundos en el género teatral, debido a que, en el siglo XVI se estableció como norma la construcción de espacios destinados a la representación de obras dramáticas de carácter culto, a las que asistían solamente la clase aristocrática. 


Barroco y neoclasicismo

Ambas épocas hicieron grandes aportes a la escenografía durante los siglos XVII y XVIII. El drama clásico retomó el uso de la regla de las 3 unidades: acción, tiempo y lugar. Esto trajo como consecuencia, la implementación de un solo decorado en cada acto, cambiándose luego en los entreactos. 


Teatro moderno

Para 1876 la construcción del monumental teatro Festspielhaus en Alemania rompió los convencionalismos que había mantenido inalterables la arquitectura y la escenografía empleadas en el teatro durante la época del Renacimiento.

Aquí ya se presenta una estructura en abanico con gradas escalonadas y un pequeño foso para ubicar la orquesta. Junto con esto, el oscurecimiento del auditorio para crear una atmósfera inmersiva durante las representaciones.

Es así como al llegar la época moderna el teatro adquirió un carácter que otorgaba libertad de planteamiento, pero manteniendo las formas tradicionales en el diálogo.

Las mejoras en el aspecto arquitectónico y escenográfico del teatro vinieron con el desarrollo de nueva maquinaria y la aparición de la iluminación como elemento innovador. 

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